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Insuficiencia Cardíaca Congestiva

¿Qué es?

Es un conjunto de síntomas que aparece cuando el corazón de nuestra mascota no funciona correctamente, siendo incapaz (“insuficiente”) de enviar la cantidad necesaria de sangre al resto de órganos para que puedan llevar a cabo sus funciones. Puede aparecer tanto en animales jóvenes (problemas congénitos), como adultos, siendo más frecuente en animales de edad avanzada.

Como hemos comentado antes NO es una enfermedad en sí misma, si no los síntomas resultantes de una patología cardiaca concreta. Algunas de estas enfermedades podrían ser: la insuficiencia mitral, la cardiomiopatía dilatada, la cardiomiopatía hipertrófica, la estenosis pulmonar…. Y otras muchas alteraciones, que requerirán de un protocolo diagnóstico adecuado para poder establecer un tratamiento eficaz.

¿Como se manifiesta?

Los síntomas más habituales que conforman este síndrome son:

  • Cansancio excesivo
  • Tos seca, que puede acabar en una arcada/vómito
  • Apatía
  • Falta de apetito
  • No tener ganas de hacer ejercicio/jugar
  • Respiración trabajosa o disnea
  • Tripa hinchada por estar llena de líquido o ascitis
  • Desmayos o síncopes

Ante alguno o varios de estos síntomas, siempre es recomendable acudir al veterinario, donde se realizará una exploración general del animal. En caso de existir un problema cardíaco, suele manifestarse con la auscultación de un soplo cardíaco. Un soplo NO es una enfermedad por sí mismo, simplemente es indicativo de un flujo de sangre turbulento dentro del corazón. Conocer el origen de ese soplo puede ser un verdadero desafío, pero es imprescindible para poder instaurar el tratamiento más apropiado.

Es importante reseñar que la intensidad de este soplo NO se correlaciona directamente con la gravedad de la enfermedad. También pueden existir alteraciones cardíacas sin que se ausculte soplo, aunque esto es poco frecuente.

¿Como se diagnostica?

Los síntomas comentados anteriormente, junto con la auscultación de un soplo, nos harán pensar en un posible problema cardíaco, que deberemos confirmar mediante la realización de pruebas más complejas, en busca como decíamos antes, del origen de ese soplo.
Las técnicas más habitualmente utilizadas para evaluar el corazón de nuestras mascotas son:

Radiología

Las radiografías nos dan una imagen de la silueta cardiaca, su forma y su tamaño, que suelen verse alteradas en caso de enfermedad. Es decir, valoramos su morfología externa. Los corazones enfermos suelen estar aumentados de tamaño, de forma localizada o generalizada.

 

Electrocardiografía: 

Nos permite la detección de arritmias, que es uno de los pasos clave en el diagnóstico de enfermedades cardíacas. La presencia de alteraciones en el ritmo de latidos normal puede modificar dramáticamente el tratamiento, así como el pronóstico. Cambios en la morfología del corazón también pueden verse reflejados en el registro electrocardiográfico, aunque no es una prueba muy sensible para ello.

Ecografía

Es la técnica más recientemente incorporada a este campo, y actualmente la más sensible a la hora de detectar problemas en este órgano. Nos permite valorar la morfología interna del corazón, así como medir los flujos de sangre que lo atraviesan. Nos da por tanto información de la funcionalidad del corazón y por tanto tiene gran valor diagnóstico y pronóstico, siendo también una herramienta útil para valorar la eficacia del tratamiento

Según la complejidad de la patología será recomendable realizar más o menos pruebas, y será el veterinario quien le oriente a la hora de tomar la decisión de qué pruebas quiere realizar a su animal.

¿Como se trata?

En medicina veterinaria aun no se han desarrollado técnicas quirúrgicas viables salvo a nivel experimental, por lo que nos centramos en la administración de fármacos para tratar a nuestros pacientes. Existe una amplia gama de compuestos empleados en la terapia cardiaca. Algunos de ellos actúan directamente sobre el corazón, mientras que otros tienen su diana en otros puntos del organismo, como por ejemplo el sistema vascular o los riñones.

Los principales objetivos de la terapia son mejorar la calidad de vida del paciente y alargar su vida. No es posible curar un problema cardiaco mediante la administración de fármacos. Es posible sin embargo conseguir un animal clínicamente asintomático; es decir, pacientes que aun conservando su problema no tienen síntomas y son a ojos del propietario animales sanos. Las enfermedades cardiacas son procesos progresivos; es decir, aun con medicación, el problema se irá agravando con el tiempo. No obstante los fármacos se encargarán de que este avance sea más lento, y sobre todo de que la progresión de la enfermedad NO afecte a la calidad de vida del animal.

¿Cómo convivir con un cardiópata?

El éxito del tratamiento de las enfermedades cardiacas depende en gran medida de la actitud de los propietarios del animal. Es fundamental comprender que un cardiópata es un enfermo crónico, y que por tanto aunque no muestre ningún síntoma (gracias a la medicación) debemos tomar ciertas precauciones y jamás interrumpir o modificar el tratamiento sin consultar a su veterinario.
Las recomendaciones generales para este tipo de pacientes, son:

  • Evitar situaciones estresantes
  • Nunca forzar al animal a hacer más ejercicio del que desea
  • Administrar una dieta baja en sodio. Para ello existen piensos comerciales con estas características, aunque también podemos preparar una dieta casera, en la que suprimiremos la sal.
    No daremos embutidos, aperitivos, quesos curados… ni ningún otro alimento rico en sal.
  • Proporcionar paseos frecuentes y pausados
  • Administrar toda la medicación lo más estrictamente posible, respecto a dosis y frecuencia y nunca cambiar la dosificación sin consultar con el veterinario.
  • Adquirir los fármacos al menos una semana antes de que se nos termine la caja anterior, pues es muy importante no saltarse ninguna dosis.
    Recordemos que algunos medicamentos serán necesarios de por vida.

 

A propósito de varios casos clínicos:

Inca: 

Es una perrita de raza cocker de 12 años de edad.
Se presentó en nuestra consulta refiriendo los siguientes síntomas: cansancio excesivo, fatiga y toses frecuentes e intensas. Ya se le había advertido la existencia de un problema cardíaco en otro veterinario.
En la exploración detectamos un soplo cardíaco intenso a nivel de la válvula mitral, además de escuchar sibilancias y crepitaciones en el pulmón. Decidimos seguir indagando en el corazón de Inca, con la realización de radiografías, electrocardiograma y ecografía cardiaca.

Las radiografías nos mostraron que el corazón de Inca estaba muy aumentado de tamaño, apareciendo una imagen como “un balón de fútbol”.

Esto quiere decir que tanto el lado izquierdo como el derecho de su corazón estaban afectados, conformando lo que llamamos una cardiomegalia global.

 

 

 

En el electrocardiograma encontramos un aumento fuera de rangos fisiológicos en el voltaje de las ondas. Esto confirma lo que vemos en la radiografía, que el corazón de Inca es más grande de lo normal. El ritmo y la frecuencia cardiaca eran normales.

 

 

 

 

La imagen ecográfica nos mostró una gran dilatación de la aurícula izquierda, siendo su tamaño cuatro veces el de la aorta (este vaso principal se toma como valor de referencia). Además de este marcadísimo aumento de tamaño de la aurícula observamos que la válvula encargada de dirigir el flujo de sangre del lado izquierdo de su corazón (la válvula mitral) se presenta muy engrosada en una de sus porciones, mientras que otra de sus partes se observa inmóvil. Esto nos hace suponer que esta válvula no está desarrollando su función correctamente, produciéndose una regurgitación de sangre a su través.

 

 

 

Nuestro diagnóstico es el de una insuficiencia mitral severa. Inca ya había sido iniciada en el tratamiento de un problema cardíaco, antes de acudir a la Clínica Estoril, con un fármaco capaz de incrementar la capacidad para contraerse de su corazón, el pimobendan. Decidimos mantener este fármaco y añadimos vasodilatadores mixtos y diuréticos; benaceprilo y furosemida respectivamente. La función de los primeros es la de facilitar el trabajo del corazón. Digamos que al “ensanchar” las arterias, la fuerza que debe vencer el corazón para bombear la sangre es menor. Por otro lado, el “ensanchar las venas” hace que éstas tengan mayor capacidad de drenaje. Los diuréticos incrementan la cantidad de agua y sodio que se elimina con la orina, reduciendo por tanto la congestión, es decir eliminando y previniendo la colección de sangre/líquido en los órganos. Esto es de especial importancia si tenemos líquido en los pulmones, lo que conocemos como edema pulmonar.
Una vez instaurado el tratamiento Inca evoluciona favorablemente durante unos meses, en los que con ciertos altibajos es una “perra sana”.

No olvidemos, no obstante, que los problemas cardíacos son progresivos y requieren de reajustes en el tratamiento cada cierto tiempo. Así fue que Inca regresó a la clínica con síntomas similares a los iniciales, dado que el líquido se acomodaba levemente en su pulmón. Sumamos entonces un segundo diurético, la espirinolactona, para incrementar la eliminación de líquido. Los síntomas remitieron. En unos meses Inca sufre un nuevo episodio de congestión, por lo que añadimos un tercer tipo de fármaco diurético, las hidroclorotiazidas, que tras unos días de tratamiento consigue corregir el problema.

A parte de su problema cardiaco, Inca presenta una proliferación celular en su oreja izquierda, que forma una masa del tamaño aproximado de una pelota de ping-pong. La cirugía parece una opción arriesgada en un paciente que padece una patología cardiaca severa. Sin embargo tras conseguir compensar la función de su corazón mediante los fármacos administrados, decidimos anestesiar a Inca para extirparle la masa. La cirugía se desarrolla sin contratiempos. Mantenemos a Inca en hospitalización durante 24 horas. Con algún reajuste en su medicación y una recuperación algo más lenta y complicada, podemos decir que la cirugía es un éxito e Inca se recupera satisfactoriamente.

La enfermedad continúa su curso, y es necesario sumar nitroglicerina, como un vasodilatador venoso en el tratamiento de nuestra paciente. Logramos mejorar los síntomas transitoriamente, pero finalmente es necesario eutanasiar al animal. Inca proporcionó compañía y cariño a su propietaria llevando una buena calidad de vida, durante un periodo de aproximadamente un año después de haber sido diagnosticada de un problema cardiaco en fase terminal.

King: 

Es un perro de raza rottweiller, de 9 años de edad. Llega a Estoril por toses muy intensas en los últimos días. Además su propietario ha notado que se le ha hinchado mucho el abdomen también en los últimos días. Está cansado y no quiere apenas moverse.

 

La exploración nos hace sospechar que el abdomen hinchado de King está en realidad lleno de líquido, es decir sufre de ascitis. En la auscultación pulmonar escuchamos crepitaciones, mientras en la cardiaca escuchamos un ritmo llamado de “zapatillas en la lavadora”, que es característico de un tipo de arritmia en particular, la fibrilación auricular.

 

 

 

 

Realizamos un protocolo diagnóstico completo con radiología, electrocardiografía y ecografía.
Las radiografías de tórax nos muestran un pulmón lleno de líquido (edema pulmonar) responsable de las toses; también se observa un ligero aumento del tamaño del corazón.

 

 

 

 

 

El electrocardiograma nos confirma lo que ya sospechábamos al auscultar a King: tenemos una fibrilación auricular. Este tipo de arritmia nos indica que sus aurículas no se están contrayendo correctamente, de forma que su corazón funciona solo por la contracción de sus ventrículos. Además la frecuencia cardiaca, en un intento de compensar su déficit de funcionalidad es de 240 latidos/minuto, un valor muy por encima de lo normal en un perro de más de 40kg.

 

 

 

 

La ecocardio nos muestra una contractilidad cardiaca muy disminuida. Es decir la capacidad del corazón de King para contraerse es menor de lo normal, de forma que no puede bombear la cantidad de sangre que necesita su cuerpo, lo que ha provocado la acumulación de líquido en sus pulmones y en su abdomen. Esto nos indica que tanto el lado izquierdo como el derecho de su corazón no funcionan correctamente por un defecto en la capacidad de contracción.

Diagnosticamos entonces una cardiomiopatía dilatada.

 

 

Inmediatamente decidimos implantar un tratamiento combinado de varios fármacos:

  • Diuréticos a altas dosis para eliminar el líquido retenido
  • Vasodilatadores mixtos para conseguir optimizar la funcionalidad del corazón.
  • espirinolactona, un fármaco que intenta evitar el redondeamiento del corazón. Un corazón normal es alargado, para mejorar la contracción. Un corazón globoso es menos eficaz.
  • Pimobendan, la piedra angular del tratamiento. Consigue incrementar la capacidad para contraerse del corazón enfermo, lo que corrige el principal problema de King.
  • Digoxina: indicada en caso de fibrilación auricular para intentar bajar la frecuencia cardiaca, que en King era de 220 latidos por minuto.

Dos semanas después de iniciar el tratamiento, King vuelve a nuestra consulta. El animal no tose, vuelve a estar animado y come con apetito. Su abdomen presenta un aspecto normal.
Las radiografías confirman que el líquido ha sido eliminado. Al pesar al animal, observamos que su peso ha pasado de 51 a 44kg, por lo que podemos concluir que hemos eliminado unos 7kg de líquido de sus pulmones y abdomen.

Antes

Después

El electrocardiograma nos indica que la frecuencia cardiaca ha disminuido, pasando de 220 a 180 lpm aunque no hemos conseguido llevarlo a un valor fisiológico.
La ecocardio nos indica que hemos aumentado la contractilidad del corazón de King. Es decir su corazón se contrae más fuerte y por tanto es capaz de bombear más sangre en cada latido.
Gracias al tratamiento King vuelve a ser en apariencia un animal sano. Realizando revisiones periódicas y reajustando el tratamiento esperamos poder mantenerlo así durante el máximo tiempo posible.

Yacko: 

Es un perro de raza bóxer de 2 años de edad.(figura 9 bis) En una exploración rutinaria a los 6 meses de edad se detecta un soplo cardíaco. Dada la edad del animal y su raza, sospechamos de un problema congénito.

Decidimos realizar una ecografía Doppler (una tecnología que nos permite medir los flujos de sangre en el interior del corazón) al paciente. En ella se observa que el conducto de salida del corazón, la arteria aorta, tiene un diámetro menor al fisiológico, a nivel de la válvula aórtica (una válvula encargada de evitar el retroceso de sangre hacia el corazón), lo que dificulta la salida de sangre hacia el resto del organismo. Se diagnostica entonces una estenosis aórtica. La elevada velocidad de la sangre al discurrir a través de este área más estrecha, y la gran estenosis presente hacen que se califique el problema como severo.
La ausencia total de síntomas, no justifica el empleo de fármacos, por lo que Yacko continuará sin tratamiento mientras no los manifieste. Debemos tener en cuenta no obstante, que la anatomía del corazón de Yacko no es la adecuada para poder desempeñar su función, por lo que el pronóstico de su enfermedad es reservado. Según la literatura, en casos severos, el tiempo de supervivencia medio es de menos de 3 años.

 

 

Yacko regresó a la clínica a sus revisiones periódicas sin observarse la aparición de síntomas hasta transcurrido más de un año. Entonces nuestro paciente comienza a desarrollar episodios de toses. En la exploración detectamos el ritmo de “zapatillas en la lavadora” propio de la fibrilación auricular. Sus aurículas se han dilatado como consecuencia de la sobrecarga de presión, hasta el punto de no ser capaces de contraerse.

En el electrocardiograma confirmamos lo que nos avanzaba la auscultación. Tenemos una fibrilación auricular a 180 latidos por minuto. Realizamos una radiografía en la que observamos un corazón muy agrandado (cardiomegalia) y la presencia de líquido (edema) en los pulmones si bien éste es poco abundante, aunque suficiente para justificar las toses.

 

Decidimos iniciar el tratamiento, pues el corazón de Yacko muestra signos de enfermedad clara, y el animal ha comenzado con los síntomas.

Empezamos con vasodilatadores mixtos y diuréticos para intentar desalojar esa pequeña cantidad de líquido de los pulmones. La semana siguiente a la implantación del tratamiento, los síntomas de Yacko han remitido. Añadimos un segundo diurético a la batería de medicamentos y decidimos interrumpir la terapia con beta-bloqueantes, que sustituimos por otro antiarrítmico, la digoxina.

Actualmente Yacko continúa su tratamiento sin más novedad, y sin apenas presencia de síntomas.